En un giro de los acontecimientos que muchos analistas califican como un intento desesperado de control de daños, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado en una reciente entrevista para la cadena CBS que la guerra con Irán está “prácticamente terminada”. Estas palabras, pronunciadas con la característica confianza del mandatario, contrastan violentamente con los informes del Pentágono, los movimientos en los mercados globales y la realidad política dentro de la República Islámica. Lo que Trump intenta vender como una misión cumplida parece ser, bajo un análisis riguroso, uno de los fracasos estratégicos más costosos y mal planificados de la historia reciente de una superpotencia.

La narrativa de la victoria frente a la realidad del gasto
Durante la entrevista, Trump afirmó que Irán ya no posee armada, comunicaciones ni fuerza aérea operativa, asegurando que Estados Unidos está “muy adelantado” respecto a los plazos iniciales de cinco semanas. Sin embargo, esta declaración de “fin de hostilidades” llega justo cuando el coste de la operación ha superado los 9,000 millones de dólares, una cifra astronómica que equivale a un gasto de 1,000 millones de dólares diarios .
El impacto económico no se limita al presupuesto militar. El barril de petróleo superó la barrera de los 100 dólares, llegando incluso a los 119 dólares en los momentos de mayor tensión . Esta fluctuación ha golpeado directamente el bolsillo de los consumidores estadounidenses, quienes ya enfrentaban una inflación persistente. La desconexión entre el discurso oficial y la realidad económica es tal que, mientras el gobierno recorta programas sociales básicos como Medicaid o cupones de alimentos, destina millones a interceptar drones iraníes de bajo coste con misiles Tomahawk que cuestan más de un millón de dólares por unidad .
El efecto bumerán: El ascenso de Mojtaba Jamenei
Uno de los objetivos declarados de la administración Trump era forzar un “cambio de régimen” o, al menos, asegurar que el sucesor del líder supremo fuera alguien aceptable para los intereses occidentales. Tras el ataque conjunto con Israel el 28 de febrero, denominado “Furia Épica”, en el que murió el líder supremo Alí Jamenei y varios miembros de su familia , el resultado ha sido el opuesto al deseado.
Irán ha nombrado como nuevo líder supremo a Mojtaba Jamenei, el hijo del fallecido dirigente, conocido por ser el sector más duro e intransigente de la Guardia Revolucionaria . Lejos de debilitar al régimen, la agresión externa parece haber unificado a una sociedad que meses atrás se encontraba fragmentada por protestas internas. La narrativa de resistencia contra el “invasor” ha otorgado al nuevo líder una legitimidad de emergencia que el sistema clerical estaba perdiendo. Como señalan expertos diplomáticos, al declarar Trump que el nombramiento de Mojtaba sería “inaceptable”, lo convirtió automáticamente en inevitable para la lógica de poder iraní .
Improvisación y “fuego amigo”
La falta de una estrategia coherente ha quedado en evidencia no solo en el plano político, sino también en el operativo. Trump ha reconocido que sus decisiones se basaron en opiniones personales y en la creencia de que Irán planeaba un ataque inminente, sin presentar pruebas sólidas que respalden dicha inteligencia .
Esta improvisación ha tenido consecuencias letales. Se ha reportado el derribo de tres cazas F-15 estadounidenses debido a errores de coordinación y “fuego amigo”, un incidente que costó la vida a soldados y la pérdida de equipos valorados en más de 300 millones de dólares . Además, la sombra de los “daños colaterales” persigue a la administración tras el impacto de un misil en una escuela de niñas en Irán, un hecho sobre el cual el presidente ha evadido cualquier responsabilidad directa, sugiriendo sin pruebas que el proyectil podría haber sido de origen iraní .
¿Hacia dónde va Estados Unidos?
La declaración de que la guerra está “casi terminada” parece ser una salida de emergencia ante la proximidad de las elecciones de mitad de mandato en noviembre de 2026. Con una economía resentida y una opinión pública que empieza a cuestionar la utilidad de un conflicto que consume recursos vitales para la sanidad y la educación, la administración Trump busca cerrar este capítulo rápidamente.

Sin embargo, el escenario que deja atrás es mucho más inestable que el que encontró. Irán, ahora liderado por una figura con una deuda personal de sangre contra Washington, no parece dispuesto a aceptar los términos de paz de Trump. La Guardia Revolucionaria ha advertido que serán ellos quienes determinen cuándo acaba la guerra .
En conclusión, lo que se presenta como una “victoria” por la destrucción de infraestructuras es, en realidad, una derrota política y diplomática. Estados Unidos se retira habiendo fortalecido a sus enemigos, desestabilizado los mercados energéticos mundiales y erosionado su propia solvencia económica. La “divertida” tarea de hundir barcos, como la describió el presidente , ha resultado ser una broma pesada que los ciudadanos del mundo terminarán de pagar durante años.

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